4/8/12

El Vino y su historia

INTRODUCCIÓN 

En el presente trabajo se abordará la historia del Vino, desde sus comienzos hasta la actualidad, puesto que para poder entender su importancia en el mundo de hoy es fundamental conocer su pasado. 
El objetivo es conocer toda su historia para entender la importancia de esta bebida, que es tan especial, es una de las primeras creaciones de la humanidad y ha ocupado una plaza privilegiada en numerosas civilizaciones, y que trae aparejada la unión de culturas, pueblos y familias. 
EL ORIGEN 

El vino parece haber nacido con el hombre, ya que se desconoce con exactitud, como fue su origen, el cual contiene muchas leyendas y mitos. Una de las leyendas griegas le atribuye a Dioniso la idea de cultivar la vid y extraer de ella el vino; otra dice que fue descubierta por el pastor Estafilo que encontró a una de sus cabras comiendo los frutos de una planta, tomó los frutos y se los llevo a su amo, Oinos, quién al colocarlos en un cuenco, extraerles el jugo y beberlo comprobó que se regocijaba cada vez que lo tomaba. 
En Roma, atribuían a Baco sus viñedos famosos y obtenían vinos que debido a su método de elaboración durante el cual le agregaban miel, alquitrán y otras sustancias para conservarlos. 
Otra de las leyendas cuenta que, un ave dejó caer en los pies del rey Djemchid algunas semillas, de las que nacieron plantas que dieron abundantes frutos y que, el rey al beber el oscuro jugo fermentado de éstos frutos se durmió profundamente y al despertar se sintió curado y feliz. Entonces el rey nombró al vino Darou é Shah ("el remedio del rey". Cuando su descendiente Cambises fundó Persépolis los viticultores plantaron viñas alrededor de la ciudad dando origen al prestigioso vino de Shiraz, ciudad próxima a Persépolis. 
Asimismo, el libro del Génesis de la Biblia refiere que Noé, una vez terminado el diluvio: “planta vides y bebe vino” haciendo coincidir el renacimiento de la humanidad con el nacimiento del vino. 

En cambio la ciencia, nos muestra que la vid (vitis vinífera), existe desde la era terciaria, ya que se han encontrado registros de hojas en piedras, y semillas en asentamientos prehistóricos, como tumbas, pirámides y en jarras de ruinas de ciento de ciudades. Lo que afirma que la existencia de esta bebida es milenaria (en la Antigua Mesopotamia, hoy Siria y Egipto, alrededor del año 4000 a.C) y que el vino era conocido por todos los pueblos, desde la India hasta las Galias. 
El antiguo Egipto nos ha dejado listas de vinos: los egipcios mencionaban incluso la añada, el viñedo y el nombre del vinificador en sus jarras: fueron las primeras etiquetas. Los babilonios llegaron a promulgar leyes reglamentando la explotación de una tienda de vinos. 
Luego se expande por todo el mundo: en un primer momento desde el mítico monte Ararat, que se levanta en el este de Turquía, en el que nacen varios ríos que se convierten en afluentes del Eufrates y del Tigris, hasta la cuna de la civilización. Es por su expansión hacia el Oeste que la viña conquista al mundo de la mano de los mercaderes fenicios y griegos a través del desarrollo del comercio marítimo en el Mediterráneo. Ya en tiempos de la antigua Grecia también los chinos conocían el vino, pero no lo explotaban de forma sistemática. El cultivo de la vid aparece igualmente en ciudades de Persia y de India, aunque no deja en ellas huellas muy profundas. 
La religión fue fundamental en la importancia del vino. Primero en Grecia, con su dios del vino Dioniso, y luego en Roma, con su dios Baco. Tomó importancia sobre todo por sus usos religiosos y rituales, el vino se convirtió en un elemento clave de la civilización occidental. 
El cristianismo, cuyo desarrollo es indisociable del Imperio romano, asimiló numerosos símbolos y ritos, que atrajo, en los primeros tiempos, a las mismas categorías de fieles.
  
El vino de la comunión era por lo menos tan necesario en una asamblea de cristianos como la presencia de un sacerdote. Gracias a este lugar vital que ocupaba en las prácticas religiosas, el vino subsistió incluso durante el sombrío período de las invasiones bárbaras que acompañaron la decadencia de Roma. 

Durante la Edad Media se diseña el nuevo mapa vitivinícola de Europa bajo la impronta del prestigio de los vinos regionales y de las creencias religiosas, cristianas e islámicas. Los monjes cistercienses de Borgoña fueron los primeros en estudiar el suelo, en transformar los viñedos seleccionando las mejores plantas, en experimentar con la poda y en elegir las parcelas no expuestas a las heladas, que eran las que daban las uvas más maduras. Todos sus esfuerzos tendían a producir un vino destinado no solamente a la misa, sino a la venta, ya que los monjes desempeñaron un papel esencial en el comercio de vinos durante esta época. El paulatino retorno a una cierta tranquilidad permitió la expansión de los viñedos y reanimó el comercio. Para el hombre medieval, el vino no era un lujo, eran una necesidad. Las ciudades ofrecían un agua impura y con frecuencia peligrosa. Al desempeñar el papel de antiséptico, el vino fue un elemento importante de la rudimentaria medicina de la época. Se mezclaba con el agua para hacerla bebible. 

En el renacimiento comienza una nueva etapa en la historia del vino, porque en los siglos XV y XVI cuando se mejoran los sistemas de vinificación y los vinos de Borgoña, Champaña y Burdeos, en Francia, comienzan a adquirir la fama que los hará célebres. Sin olvidar a Don Pérignon que descubre el modo de preparar el champaña espumoso. 
Hacia finales del siglo XVII apareció en el mercado una nueva exigencia: se pedían vinos que procuraran una experiencia estética. La novedad, en Francia y naturalmente en Inglaterra, fue la emergencia de una nueva clase social con dinero y buen gusto que estaba dispuesta a pagar lo que fuera por un gran vino. 
En Francia, los cortesanos reclamaron, y obtuvieron, grandes cantidades de champagne de mejor calidad y más efervescente. En Inglaterra, durante la misma época, los grandes personajes del reino, buscaban los mejores vinos tintos de Burdeos. A esta generación se debe el concepto de “gran vino” tal como lo conocemos en la actualidad. 
Hasta entonces, el vino se bebía dentro del año de la cosecha; cuando se acercaba la nueva vendimia, el precio del vino viejo disminuía. Naturalmente ya se sabía criar y mejorar el vino. Comenzaba la era de los vinos de calidad. 
Se atribuye generalmente a Arnaud de Pontac, presidente del parlamento de Burdeos hacia 1660, el mérito de haber inaugurado esta búsqueda de la calidad. Por lo que se puso a producir un nuevo tipo de vino empleando métodos que más tarde serían corrientes: bajo rendimiento, selección esmerada, rigor en la vinificación y añejamiento en bodega. El objetivo era evidentemente crear una reputación que justificase un precio elevado. 
Los refinamientos se sucedían: selección de las mejores variedades, drenaje de los viñedos, precisión creciente en la crianza y en las operaciones realizadas en la bodega. Empezaron así a producirse vinos finos en grandes cantidades. 
Francia tuvo que esperar la revolución industrial para que la producción de vino de mesa alcanzase un volumen equivalente. El desarrollo de las ciudades, en las que la población obrera no cesaba de crecer, fue el factor que multiplicó la demanda de vino barato. 
Es innegable que el mundo del vino tuvo que dedicar una buena parte del siglo XX a reponerse de la crisis atravesada en la segunda mitad del XIX. Después de la Primera Guerra Mundial, el consumo europeo alcanzó nuevos récords, Los viñedos más favorecidos fueron los del Nuevo Mundo: al oeste de Estados Unidos, en Australia, en Sudáfrica y en Nueva Zelanda, inmigrantes llegados de Europa plantaban en suelos vírgenes para aplacar la sed de otros colonos. Para los productores, el fin del siglo XX marca un período de prosperidad; para los aficionados al vino, una edad de oro, con abundancia de buenos vinos a precios relativamente razonables. 
La ciencia empezó entonces a desempeñar un papel importante y se desarrollaron programas de investigación sobre la vid, la fermentación o la crianza en bodega. Con el conocimiento llegó el control: los rendimientos se hicieron mucho más previsibles y elevados. Paralelamente, el consumo de vino se convirtió en un fenómeno que se puso de moda en el mundo entero. Los viñedos famosos consiguieron estar a la altura de la demanda gracias a excelentes y abundantes vendimias.

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