24/1/13

Pedro Domecq Lembeye


Llega a Jerez el primer Domecq 

Pedro Domecq Lembeye salvó el negocio hundido de los Hauries y, desde 1822, comenzó a comercializar con su nombre Las claves del éxito del noble francés Una ojeada a los principios del XIX en Jerez
JUAN P. SIMÓ JEREZ 
Humm... Nos quedamos con el triste final de Juan Carlos Haurie Puzein en 1829, el único de los cinco primos sobrevivientes del negocio con su tío Juan Haurie Nebout, y la asunción del arruinado negocio de los Hahuries por el gran Pedro Domecq Lembeye, sobrino nieto del patriarca Haurie por ser hijo de Juan de Domecq y Catalina Haurie. Él solito había levantado un negocio que se encontraba hundido; entonces ya exportaba con su propio nombre, el comercio conocía los hechos y su buena voluntad era sincera, controlaba a unos agentes en Londres a los que ningún otro podría hacer sombra y contaba con la colaboración de un ayudante inteligente, Juan Sánchez, que nos dice Jeffs fue el experto en jerez más brillante de su época. Quedaba claro que el noble Pierre Domecq, el primer Domecq que llega desde Usquain, en el condado francés de Bearn, a la ciudad por las persecuciones revolucionarias, había sido la tabla de salvación.

Hombre decidido y emprendedor, se hace en 1822 con toda la titularidad de la industria familiar en una situación muy desfavorable y al borde de la muerte por las deudas, de las que salió airoso adoptando sabias medidas y gracias también a su desahogada posición económica: Alquiló la bodega llamada del Castillo, en Puerta de Rota, compró la viña Parpalana, recuperó las viñas de Macharnudo -la joya más preciada de la Casa, que habían vendido los Haurie-, y creó, por fin, la firma que, con el tiempo, habría de ser la más famosa en el mundo entero.

A partir de la aparición de Pedro Domecq, la historia de la Casa ha sido perfectamente reconstruida y no hay duda de que hoy es archiconocida por todos. Pero arrastrábamos esa espinita de conocer más sobre los orígenes y el germen de la casa, la vida de esa familia francesa que llevó la industria vinatera de la época hasta lo más alto gracias, entre otras cosas, al legado del irlandés Murphy. Jerez les recuerda hoy con la plaza Hauries, junto a Jerez-74. 

La importancia francesa 
Todo eso es muy importante de resaltar por una simple razón: La importancia de los empresarios franceses en los inicios de la moderna agroindustria vinatera jerezana. Esto deshace el tópico que atribuyen el protagonismo absoluto de la nueva vinatería de la zona a los comerciantes ingleses, aunque por supuesto en mucho colaborasen, como ha estudiado Maldonado Rosso. 

Volvamos a ese otro francés, a ese gran señor que fue Pedro Domecq Lembeye. El apellido obliga: Domecq equivale en dialecto 'patois' o bearnés a señorío, a dominador. Como el 'Domecq obligue', lema orgulloso del escudo familiar, algo que es tanto como 'Nobleza obliga', indicando que si a todo noble le obliga su nobleza, a todo Domecq le obliga su apellido. Siendo Domecq, como dice Delgado y Orellana, no le hace falta su nobleza para ser caballero. Les basta ser Domecq. 

Pedro, o Pierre, era personaje de arrolladora personalidad, culto, sociable, uno de los hombres más distinguidos de su tiempo, cosmopolita nato y, tras su retiro, con casa en la elegante Rue de Madeleine de París, desde donde viajaba con frecuencia a Londres para visitar a sus clientes británicos, y sólo un año después de emprender su propio negocio, en 1823, Fernando VII visitó las bodegas y le nombró el primer Gentilhombre de Cámara en Europa y proveedor de la real casa. La empresa alcanzó entones un prestigio vertiginoso. Y el momento era alegre y próspero para la ciudad. 

Cómo se vivía en Jerez 
Pero, ¿cómo se vivía allí? Jeffs ha recogido la cita de George W. Suter, que visitó la ciudad en 1831: "Me encontré con una ciudad donde, antes de que se importasen los elegantes carruajes, había únicamente tres coches privados y ninguno de alquiler. Uno de ellos, tirado por mulas, era propiedad de un Marqués. Era tan alto y tan incómodo que un criado tenía que llevar un taburete para ayudar a su señor a subir o bajar. Las calles no tenían alcantarillado, y no estaban pavimentadas ni iluminadas. Cuando una familia iba por la noche al teatro o a una fiesta, les precedía un criado con una antorcha encendida en una mano y un fuerte garrote en la otra, mientras los muchachos iban armados con espadas y a veces con pistola..." 

Más cosas: En 1814, dos años antes de venir a Jerez, Pedro Domecq casó en Londres con Diana de Lancaster, que le dio cinco bellísimas hijas que se introdujeron en la corte de Luis Felipe de Francia y que, como en un cuento de hadas, casaron a su vez con notables títulos nobiliarios del reino vecino. 

El de Usquain murió en Jerez con sólo 57 años y de la forma más absurda: Pedro Domecq sufría de gota y reuma, por lo que los médicos le aconsejaron que se diese baños de vapor. Lo suspendían, mediante un sistema de cuerdas algo cutre, sobre un caldero de agua hirviendo, pero un día de 1839, toda esa disparatada estructura se desplomó. Resultó con quemaduras graves y se nos fue a los pocos días. Aunque Juan Carlos Haurie nunca fue del agrado de los jerezanos, a su sobrino lo adoraban. Ocho mil personas asistieron al funeral. Legó una incalculable fortuna de un millón de libras y , a falta de hijo varón, dejó el negocio en manos de su hermano Juan Pedro, que también se convirtió en una leyenda en Jerez y que consiguió mantener el éxito de su hermano, un héroe para García Lorca y poco menos que un dios ante los ojos de los gitanos. 

El gran Ruskin 
La intensa vida de Pedro Domecq sería excesivamente prolija resumir en estas líneas. Pero, para abreviar, no quiero dejar en el olvido la personalidad del agente John James Ruskin, quizás algo desconocida y poco reconocida por los investigadores, con la única excepción, que se sepa, de Julian Jeffs. 

Ruskin fue padre del asceta y filósofo victoriano John Ruskin, pero sería injusto que su reconocimiento se quedara ahí. Porque Ruskin padre se convirtió en el exportador de vinos de jerez inglés más importante de su época y, con su esfuerzo, perspicacia e inteligencia, contribuyó en gran medida al éxito de Pedro Domecq. Cuando Domecq trabajaba aún para los Haurie, se deshizo de todos sus anteriores agentes de Londres y echó el lazo a uno de los más codiciados distribuidores. 

Ruskin había trabajado hasta entonces en Londres como agente para 'Gordon, Murphy & Co.' sin un solo día de vacaciones, pero el dispendio que observaba entre sus socios le desanimó y abandonó la sociedad. La oportunidad le llegó en 1813. Ruskin se alió con Domecq, pero entre los dos socios sólo contaban con un capital de 1.500 libras entre ambos. Recurrieron entonces a un soltero rico y afable, Henry Telford, que les proporcionó el capital necesario. La nueva sociedad de 'Ruskin, Telford y Domecq' comenzó así su negocio en la calle Billiter II en 1815. Era la alianza ideal: Ruskin poseía la inteligencia, Telford el dinero y Domecq el jerez. Fue tal el éxito que tuvieron que Ruskin y Domecq llegaron a ser aún más ricos que Telford. Cuando el negocio de los Haurie se vino abajo, Ruskin continuó siendo agente de Pedro Domecq. 

Desde aquí y hasta la acertada venta del negocio en 1994 a la multinacional Allied Lyons, la trayectoria de la familia y del negocio está perfectamente datada y documentada, por lo que no interesa repetirnos. Pero no será un punto y final. Haremos un punto y seguido: Desentrañaremos la obra maldita de Vicente Blasco Ibáñez, 'La bodega', el libro que hizo remover los cimientos de la bodega más decana de Jerez.

23/1/13

Catas - Robert Parker


Robert Parker
EXCUSA DEL EXCESO DE GRADO Y EXTRACCIÓN
"Vinos para críticos", esa trampa
FERNANDO POINT 

Robert Parker. Se lo oímos a menudo a los enólogos, y lo acabamos de leer en 'La Opinión de Zamora', en declaraciones de José Hidalgo, que presentaba una nueva bodega de Toro: "Uno de los problemas que tenemos hoy día es que las bodegas hacemos vinos para críticos, muy complejos, muy pesados, muy estructurados, pero realmente como está bueno un vino es comiendo y disfrutando de él, que se beba fácil". Y ello suscita dos preguntas: ¿Tienen el mismo gusto todos los críticos? Y, de paso: ¿Catan los críticos el mismo vino que luego va a llegar al público?

La primera pregunta tiene una respuesta fácil: No, no lo tienen. Y cuando Hidalgo y sus colegas se agarran a ese argumento, en realidad quieren decir otra cosa: "Hacemos vinos para esos críticos anglosajones muy influyentes durante años, encabezados por Robert Parker, a los que les gustan los vinos muy pesados y estructurados".

Pero hay en el mundo otros críticos, empezando por los igualmente anglosajones Jancis Robinson, Eric Asimov, Neal Martin, Allen Meadows, David Schildknecht o Tim Atkin, muy partidarios de los vinos más finos y ligeros, que también son los que habitualmente defiende y resalta, desde hace una docena de años, el comité de cata de elmundovino, compuesto por Ernestina Velasco, Juancho Asenjo, Jesús Barquín, Mario García, Luis Gutiérrez, Juan Manuel Ibáñez, Nacho Jiménez, Jens Riis, Ignacio Villalgordo y Víctor de la Serna.

Lo que sucede es que algunos no han hecho, durante años, vinos para esos "otros" críticos ni para una parte muy importante del público.

Cuando la influencia de Parker, que ya solamente cata los vinos de Burdeos y el Ródano en su publicación 'The Wine Advocate', empieza a atomizarse entre otros muchos 'prescriptores', como se dice ahora, ¿a qué vienen afirmaciones como las de Hidalgo? Se han quedado sobrepasadas por la realidad. Como los vinos a los que amparan.

La segunda pregunta no es baladí: si hay una idea preconcebida del gusto del catador, ¿qué riesgo hay de que, si el crítico no se procura por su cuenta la botella, quien le entregue una muestra no lo haga seleccionando las barricas o depósitos de los que vayan a salir vinos lo más adaptados que sea posible a ese gusto?

En Estados Unidos han surgido varias veces en el pasado polémicas –a menudo referidas a vinos españoles- sobre vinos mucho mejores en la opinión del crítico que en la del comprador normal. La más notable fue la que rodeó a un desconocido vino de Jumilla, el Sierra Carche 2005, al que Jay Miller –antecesor de Martin en el 'Wine Advocate'– concedió una nota de 95/100; unos meses más tarde, en las tiendas de Estados Unidos, aparecieron botellas de ese vino a las que nadie daría más de 70...

¿Fueron 'botellas especiales' preparadas sólo para Miller? Siempre quedará la duda. En sentido inverso también puede suceder, claro: que alguien haga llegar al crítico botellas que no están en condiciones. Es ese, por ejemplo, el runrún estos días en el mundo del vino del Sureste español, donde nadie comprende que Martin, el nuevo hombre de Parker, haya concedido 96 puntos al magnífico La Casilla-Estrecha 2010 de Juan Antonio Ponce pero solamente 86 al igualmente magnífico Quincha Corral 2009 de Mustiguillo.

¿De dónde procedía esa muestra de Quincha Corral? Es la gran interrogante. Hace tres meses, en cata de vinos de bobal de elmundovino, ese vino obtuvo un 18/20 y el La Casilla-Estrecha, 16,5.
CON 681 VINOS CATALANES (Y MALLORQUINES)
El debut de Neal Martin
ELMUNDOVINO
Cuatro meses después de la jubilación de Jay Miller tras la polémica por la forma en que el promotor de eventos vinícolas Pancho Campo organizaba sus visitas a zonas productoras españolas, el 'Wine Advocate', revista trimestral del famoso crítico Robert Parker, ha estrenado al fin los comentarios de su nuevo especialista en los vinos de España (y Argentina y Chile, entre otros): Neal Martin, británico de 41 años, hasta ahora más dedicado a los vinos de Burdeos.
Martin, que había anunciado su interés por regionalizar más sus informes sobre España, acaba de pasar dos semanas catando y visitando bodegas en Cataluña, y el resultado aparece en el número 200 del 'Wine Advocate': un artículo sobre cavas (ninguno de fuera de Cataluña) con 107 notas de cata, otro sobre Priorat con 231 y uno sobre el resto de las denominaciones catalanas con 343; en total, pues, 681 vinos.

Se esperaba con interés el debut de Martin porque pocas veces se había ocupado de España antes de recibir el encargo de Parker tras el asunto Campo-Miller, y por algunas polémicas pasadas en torno a su interés, o falta de él, por los vinos españoles. Aunque el WA ya no tiene la abrumadora influencia de antaño -las polémicas pasan factura-, sigue contando en varios mercados, incluido el de Estados Unidos.

Martin, que salió del anonimato con su exitoso blog 'Diary of a Wine Writer', se incorporó hace cinco años al equipo de Parker, quien ha ido cediendo zonas del mundo vinícola a sus colaboradores, entre los que Antonio Galloni parece haberse convertido en 'primus inter pares'.

Buenas notas sin acercarse al famoso 100/100 (las mejores, un par de 97 en Priorat) y una preferencia por los vinos más bien finos y de terruño son las características que se aprecian en esta primera remesa de comentarios de Martin. Su estilo literario, más británico y menos dado al cliché que el de Miller, también es novedoso.

En los cavas, Martin se dice convencido por el potencial de la xarel-lo, y la cata está absolutamente dominada, casi aplastada, por los vinos de Gramona y Recaredo, con Celler Batlle Gran Reserva Brut 2001 y Turó d'en Mota 2002 empatados en cabeza (96 puntos). El más valorado de otras bodegas es un vino artesano de Josep Mitjans, Loxarel 109 2002, que aún no ha salido al mercado, al que su productor pretende que llegue sin degollar.

En los vinos de toda Cataluña se observa, como era de esperar, mayor diversidad de estilos y preferencias. Martin declara su preferencia por Montsant ("si Priorat es Pauillac, entonces Montsant es Margaux"), seguido de cerca por Terra Alta, con notas positivas sobre todo para Piñol, Laureano Serres y Edetària. Pero es finalmente un vino de una zona en la que Martin no encuentra un terruño definido, Costers del Segre, el que mejor nota obtiene: el Castell d'Encús Thalarn 2010, el syrah de Raúl Bobet, el que mejor nota se lleva, 95, junto al Teixar 2009, una garnacha peluda de un pequeño productor de Montsant, Vinyes Domenech. El vino mejor puntuado de Torres, Reserva Real 2009, recibe 92 puntos.

De forma notoriamente torpe, Martin incluye los vinos de Mallorca (esencialmente, los de 4 Kilos), entre los del "resto de Cataluña". 

Cautivado por la pasión por el vino y la viña de Sara Pérez, Martin se declara entusiasta de la elegancia de las nuevas añadas de Mas Martinet y, curiosamente, recata un viejo favorito de Parker, Clos Mogador 2001, y éste se lleva junto a Clos Martinet 2009 la mejor nota, 97. Pero potencialmente es L'Ermita 2010, al que se da una nota provisional de (96-98), el mejor. Martin se dice admirador de la garnacha y de la cariñena y lamenta los excesos de roble nuevo que algunos bodegueros vuelcan en sus vinos y que hacen que a veces los más modestos sean más satisfactorios.

Vinos Finos y Manzanillas, por Luis Pérez Rodríguez
Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Sevilla con un trabajo sobre el Brandy de Jerez. En la misma Universidad alcanza el grado de doctor, con su tesis sobre la crianza y envejecimiento de los vinos de Jerez.
Comenta la crianza biologica de vinos finos de Jerez y manzanilla de Sanlucar. Sus diferencias. ¿Como se hace el Fino y la Manzanilla? Las levaduras. La flor del vino. Las bodegas de Jerez. Todos vinos dentro del Marco del Consejo Regulador Jerez - Xerez - Sherry .Más sobre el tema en la web original...

http://www.jerezsiempre.com/index.php/Luis_P%C3%A9rez_Rodr%C3%ADguez

http://youtu.be/CLB19ykLRYA


DESARROLLO DE TÉCNICAS ANALÍTICAS PARA PREVER LA INCIDENCIA DE BARRICAS DE ROBLE  
Gordon Burns1, PhD. Eric Hervé. Laboratorios ETS - Santa Elena, California, USA 

Prácticas Enológicas 
SEPARACIÓN DE LAS BAYAS DE PUNTAS Y HOMBROS PARA ELABORAR VINOS CON DISTINTAS CUALIDADES 

Ante la competitividad del mercado enológico, los elaboradores se plantean la posibilidad de obtener nuevos perfiles de vinos a partir de una misma variedad cultivada en las mismas vides, aplicando estrategias diferenciales. En este sentido resulta de utilidad este estudio firmado por el Grupo de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Ciencia y Tecnología de los Alimentos en la Universidad de Vigo, en el que se obtiene la huella aromática de uvas gran negro, investigando la presencia diferencial de compuestos aromáticos florales, herbáceos y especiados, al separar las bayas apicales (puntas) y basales (hombros) de los racimos de esta variedad y comparándola con brancellao y mouratón. Los parámetros analizados en las etapas finales de maduración eran: contenido probable de alcohol, acidez total del mosto, y composición aromática de la piel y la pulpa de las bayas, tomadas estas en ambos extremos del racimo. Mediante cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas vieron que la composición aromática variaba. En el caso de las uvas de las puntas de los racimos, los alcoholes aromáticos y los fenoles volátiles se hallaban sobre todo en la pulpa (15 veces más y el doble que en la piel, respectivamente), mientras que los aldehídos y hexanoles se hallaban principalmente en la piel (4 y 3 veces más que en la pulpa, respectivamente). Ante estos resultados, puede ser recomendable separar la piel de la uva antes de la maceración enzimática. En cambio, en las bayas de los hombros, el grupo de fenoles volátiles estaba el doble de concentrado en la piel que en la pulpa, y por tanto puede recomendarse mantener la piel durante la maceración enzimática. Resulta prometedor este resultado para aquellos elaboradores que están considerando la separación de las bayas de puntas y hombros para elaborar vinos con distintas cualidades.

Noguerol-Pato, R.; González-Barreiro, C.; Cancho-Grande, B.; Martínez, M.C.; Santiago, J.L. y Simal-Gándara, J.: «Floral, spicy and herbaceous active odorants in Gran Negro grapes from shoulders and tips into the cluster, and comparison with Brancellao and Mouratón varieties». Food Chem 2012; 135 (4): 2771-82.

20/1/13